El diseño gráfico en la era de la IA ha dado una vuelta de 180 grados. La introducción de herramientas de inteligencia artificial nos ha beneficiado mucho a todos los diseñadores, sin embargo, ha llegado un punto en el que se ha generalizado tanto que está en nuestras calles, en nuestros feeds y en la comunicación diaria de las marcas.
Ya no hace falta utilizar una herramienta especializada en diseño para crear, por ejemplo, cartelería. Una persona sin demasiados conocimientos específicos sobre IA puede resolverlo en segundos con un par de instrucciones. Carteles, imágenes y vídeos hiperrealistas que no terminan de parecer reales, voces humanoides… Y, precisamente por eso, empieza a ocurrir algo curioso, y es que cada vez somos mejores reconociéndola.
Reconocer la IA en todas partes
Hace no tanto, una imagen generada mediante inteligencia artificial podía sorprender por su hiperrealismo e incluso pasar por una fotografía real. Sin embargo, a medida que las herramientas se perfeccionan, también lo hace nuestra capacidad para reconocerlas. Nos hemos acostumbrado a convivir con este tipo de imágenes y hemos aprendido, casi sin darnos cuenta, a identificar determinados patrones, acabados y recursos que se repiten. La estética de la IA empieza a resultarnos cada vez más reconocible precisamente porque hemos estado demasiado expuestos a ella.
Y ahí aparece una paradoja interesante: cuanto más realista se vuelve la inteligencia artificial, más entrenado está nuestro ojo para cuestionar si lo que vemos es realmente real.
La cartelería hecha con ChatGPT
Este fenómeno resulta especialmente evidente en la cartelería. La capacidad actual de las herramientas generativas para trabajar con texto dentro de las imágenes ha hecho posible algo que hace pocos meses no funcionaba. Y ya hemos empezado a verlo en todas partes. En el cartel improvisado para una cena entre amigos, en la invitación de un cumpleaños, pero también en la carta de un restaurante, en publicaciones de redes sociales, en pequeños negocios e incluso en la comunicación de eventos y empresas. Ahí el diseño gráfico tradicional se enfrenta a un gran reto. No porque la IA diseñe mejor, sino porque resuelve muy rápido una necesidad que antes requería tiempo y conocimientos profesionales.
Para una cena entre amigos, probablemente sea más que suficiente. El problema aparece cuando lo hace una marca. Su comunicación debería transmitir personalidad, mantener una coherencia, establecer una jerarquía de información y conseguir que, con el tiempo, sea reconocible incluso antes de ver su logotipo. Sin embargo, cuando percibimos esa comunicación genérica o poco trabajada, aunque sea de forma inconsciente, lo que genera es distancia e incluso cierto rechazo.
Ahora, valoramos más aquello que no parece generado
Cuanto más contenido generado por inteligencia artificial vemos, más fácil resulta que aquello que se aleja de sus códigos llame nuestra atención. Una fotografía real, una ilustración o incluso una la imperfección puede sentirse hoy más auténtica precisamente porque contrasta con un entorno visual cada vez más pulido y predecible.
Esto está provocando una paradoja interesante, ahora que podemos generar imágenes espectaculares en segundos, lo difícil vuelve a ser crear algo que tenga personalidad. En un contexto en el que generar se ha vuelto extraordinariamente fácil, lo que empieza a resultar extraordinario es reconocer que alguien ha tomado decisiones. Y para las marcas, esa sensación de intención y personalidad es una de las mejores formas de diferenciarse.
¿Qué significa diseñar en la era de la IA?
Probablemente significa dejar de competir con la máquina en aquello que hace mejr que nosotros: producir mucho y producir rápido. Las herramientas seguirán mejorando. Las imágenes serán cada vez más realistas, el vídeo generativo será más accesible y las posibilidades técnicas que hoy nos sorprenden terminarán quedando obsoletas en pocos meses.
Y cuando todo esto ocurra, lo importante volverá a ser el resultado. ¿Tiene una intención detrás? ¿Construye marca? ¿Se diferencia? ¿Lo recordamos?
Porque quizá el mayor cambio que está provocando la IA en el diseño gráfico no sea que ahora podamos crear imágenes en segundos. Es que nos está obligando a demostrar que detrás del diseño gráfico todavía hay personalidad.